Esta entrada trata un tema ante el cual, si es usted una persona medianamente mojigata, podría escandalizarse. Absténgase de su lectura en ese caso.
Hace ya rato que leí el libro cuyo título es el de esta entrada.
Diré que francamente dudo mucho que la sociedad descrita en él fuera en verdad feliz, pero me pareció que retrataba muy bien el contraste de la actitud hacia la manera de ejercer la sexualidad dependiendo de la educación, de la cultura y hasta de la religión.
Hace algunos días le recomendé a un amigo que se comprara un Tenga Egg. Se mostró interesado y hoy me preguntó dónde podía comprarlo. Yo lo vi en una revista que traía un suplemento especial sobre juguetes sexuales cuyo sitio aún no está en funcionamiento, así que no tenía ni idea.
Luego recordé el nombre de una tienda que he visto en la calle y busqué su sitio para ver si ahí lo tenían. Y no, no está en el catálogo, pero me encontré otros artículos para el mismo propósito (espero que ya hayan leído lo de la liga).
Y no sé... díganme romántica, pero al ver los que imitan la forma anatómica de la parte en cuestión (masculina o femenina) sentí algo de tristeza, porque me imagino que son así para hacer más creíble la ilusión.
No pude evitar pensar en cuán desesperado o desesperada debe estar uno o una para recurrir a estos juguetes. Y ojo, no lo veo mal. De hecho quienes me conocen de hace tiempo saben que un juguete así es precisamente eso que siempre he querido (y gracias a la revista ésa ya me hice una idea mejor de cuál quiero exactamente). Y no, no voy a negar que también he sentido tristeza por mí.
Cuando era más joven pensaba en cuáles podrían ser las grandes tragedias de mi vida, cosas que me golpearan al grado de ya no querer levantarme. Sólo recuerdo dos:
Una, enamorarme y que me rompieran el corazón. Me sucedió y lo superé. Me tardé tres años y medio, pero lo superé.
Dos, que mi pareja no fuera compatible conmigo sexualmente hablando. Siempre he temido unir mi vida a la de alguien que no comparta mi visión en ese aspecto y vivir frustrada y amargada. Pero como nunca he tenido una pareja formal (he conocido hombres con los que me he llevado bien pero han sido cosas pasajeras) no puedo decir mucho al respecto. Excepto que es algo a lo que aún le temo.
Cuando le recomendé el Tenga Egg a mi amigo me preguntó si lo había usado con alguna pareja. Le dije que no, pero que no por falta de ganas. Le conté de todas esas cosas que me habría gustado hacer y que por una razón u otra no hice, aunque algunas sí las llevé a cabo. Esto se relaciona con algo sobre lo que quiero escribir desde hace tiempo, así que lo dejaré para otra entrada.
El caso es que cuando veo esos juguetes me da tristeza, porque he querido uno precisamente por mi soledad, por los deseos reprimidos, por la curiosidad de saber hasta dónde puedo llegar...
¿Por qué es así? ¿Por qué es tan difícil decir lo que una quiere o busca si parece que todos y todas compartimos el sentimiento o no habría tanta gente en los chats para adultos, o prostitutas o sex shops?
Mucho quizá tiene que ver nuestra educación, nuestra cultura y nuestra religión.
Creo que seríamos más felices si viéramos al sexo como una necesidad, que como otras, debe ser satisfecha.
Sí, lo sé. Es mucho más complicado que eso. No sé por qué tuve un déjà vu...
Agregado el 21 de noviembre de 2011 a las 2:15 pm:
Justo el amigo al que le recomendé el Tenga Egg me dijo que le gustaría algo como lo relatado en esta historia... lo leí y no dejé de pensar en que no tendría que ser así si aceptáramos que el sexo es una necesidad (repito, sé que es más complicado que eso, pero estoy convencida de que la hipocresía respecto al tema sólo seguirá haciéndonos infelices).

¡Me encanta! Estoy loca por él.
Última actualización: 26 de noviembre de 2011.
Gracias
Gracias



4 cibernautas extraviados:
Comparto tu pensamiento de que el sexo es una necesidad como comer, dormir o tomar agua, la naturaleza no se equivoca.
Bajo el riesgo de sonar vulgar, evoco una clase de Neuroanatomía sobre el sistema límbico en la que el catedrático concluyó para reforzar el aprendizaje que "ahí residen los placeres básicos del hombre, 'las tres C': comer, cagar y coger".
Tan natural como comer tacos Pequeña Saltamontes, pero no todos nos llevamos cualquier garnacha a la boca y ahí radica lo complicado de esto. Saludos~
It's complicated...
... Pero no el sexo, sino el ser humano. Todo el problema radica en que somos seres complejos... y complicados.
Yo pienso que más allá de las relaciones sexuales, si todos fueramos más honestos y más directos en cuanto a lo que queremos dar y lo que queremos recibir en una relación, todo sería más sencillo.
Mathrocker: Todo se reduce a la biología...
もこな猫井: Jajaja... cierto lo de las garnachas.
Aunque he de decir que yo en realidad no soy muy exigente. Curiosamente, leí un artículo en la web de Muy Interesante que dice que a las mujeres que más exigen les va mejor en el aspecto sexual.
Ni hablar...
Alejandra: Pues sí, la honestidad podría ser la clave.
Lamentablemente no es así porque muchas veces no somos honestos ni con nosotros mismos.
Y en estas cuestiones del sexo las mujeres tendemos más a engañarnos a nosotras mismas con falsas esperanzas.
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