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domingo, 16 de agosto de 2015

38

Hoy hace 38 años murió Elvis Presley, mi cantante favorito.

Desde que soy fan y mientras fui estudiante, tenía la tradición de vestirme de negro este día.

Pensaba en eso antier y me pareció algo pueril. Últimamente siempre ando de negro.

Fue mi papá quien me habló de un cantante que fue polémico en su tiempo, al que las cámaras tomaban sólo de la cintura para arriba por sus, entonces atrevidos, movimientos de cadera. Luego transmitieron una miniserie de la vida de Elvis, la cual vi, y me gustó su música. Posteriormente tuve la oportunidad de adquirir una colección de 5 casetes (luego la compré en CD's) que recopilaban música representativa de toda su carrera. Y me gustó mucho.

A partir de ahí y sin la gran fuente de información que es internet, fui aprendiendo sobre su vida en revistas, programas de televisión, en un libro que compré y en otro que me regaló mi hermana. Seguí adquiriendo CD's y conociendo más de su música y de su vida. Aún ahora me sigo enterando de cosas que no sabía, algunas polémicas.

Alguien que era mi amiga me dijo que si no sabía que él había dicho que prefería besar a tres negras que a una mexicana. Le dije que sí sabía y me respondió que cómo era entonces posible que fuera su fan. Repliqué que era algo no comprobado, que actrices mexicanas que trabajaron con él en las películas que hizo aquí dicen que era muy carismático y sencillo y que no era verdad ese rumor. También mencioné que un conductor de televisión dijo una vez que él creía que Elvis, si realmente dijo algo así, se refería a la cantidad de mujeres, no a ninguna otra característica.

No se convenció, pero no importa. En lo que a mí respecta, me cuesta un poco creer que alguien que logró el éxito siendo percibido por la gente como negro (la gente que lo escuchaba en la radio creía que Elvis era negro, por la clara influencia de la música de los intérpretes negros de la época en la de Elvis) y que a decir de muchos abrió las puertas de la industria a la música interpretada por gente negra, fuera, como tratan de hacerlo ver al adjudicarle esa cita, racista.

Como sea, si lo dijo o no, creo que cometió errores más graves en su vida. Cosas que, como dije antes, son bastante polémicas y que sí podrían decepcionar a un fan.

Por ejemplo, tenía una clara preferencia por adolescentes y organizaba pijamadas. A Priscilla, una vez que ella dio a luz, dejó de mostrarle interés sexual (dicen que la estrecha relación que Elvis tenía con su madre afectó su manera de relacionarse con las mujeres), sin mencionar que se conocieron cuando ella tenía 14 años y él era 11 años mayor que ella.

En este preciso momento no recuerdo mucho de lo que he leído aquí y allá, pero aquí y aquí pueden encontrar información interesante.

No suelo ya escuchar música, sea de Elvis o no. Es una de las cosas que otras distracciones (como tejer o estar pegada a la computadora) han absorbido, pero siempre disfruto de la hermosa voz de tenor de Elvis.

Elvis era un ser humano con defectos y virtudes, como todos nosotros. Creo que sí tenía problemas emocionales y que estos se agudizaron cuando se volvió famoso y su posición privilegiada permitió que muchas cuestiones se salieran de control.

Es una pena que, de alguna manera, no haya sabido manejar la fama. Pero ¿quién, que haya sido pobre, proveniente de un estrato social conocido como white trash, puede? Pasar de tener casi nada a tenerlo casi todo no debe ser fácil de manejar para nadie.

Quizá no lo hizo lo mejor que pudo. Y aún así dejó un legado que perdura casi cuatro décadas después.

Generalmente en esta fecha publico una reseña de la carrera de Elvis, pero dadas las circunstancias no me siento con el ánimo de hacerlo. Quise escribir hoy porque la vida sigue y creo que es un punto de apoyo para mí no dejar de lado mis costumbres. Si alguien quiere leer la reseña del año anterior, en este enlace la encuentran.

domingo, 21 de junio de 2015

Mi papá

Mi papá siempre fue muy creativo. Cuando éramos niñas nos hacía vestiditos para nuestras muñecas y hasta nos hizo una salita miniatura. También nos hacía prendedores de madera en forma de catarina y nos enseñó a hacer alacranes y pulseras de alambre.

Una vez hizo una jaula con todo y periquito con cáscaras de naranja y palillos de dientes. El periquito era una semilla. Y para sus pericos de carne y hueso, hizo dos jaulas, también de puro alambre

Muchas de las herramientas que necesitaba para su trabajo las hizo él. Hizo rastrillos de varillas para quitar piedras y se las ingeniaba para que las líneas del campo le quedaran derechitas. Y también hacía las redes de las porterías, las tejía cuadro a cuadro con sus manos.

Recuerdo que de él aprendí que Marte tiene dos satélites que se llaman Fobos y Deimos, que si hubiera un holocausto nuclear las cucarachas lo sobrevivirían y que en el cuerpo tenemos algo que se llama fagocitos y que son los responsables de que nos de fiebre cuando nos enfermamos, porque intentan freir al virus que nos ataca.

Él y mi mamá fomentaban mi curiosidad. Algunos de mis regalos de Navidad fueron un globo terráqueo y un microscopio... hasta unas vecinas se burlaban de mí por eso y me decían "científica".

También fomentó en nosotras el gusto por la lectura y me habló de un fulano llamado Elvis Presley al que, cuando aparecía en televisión, sólo filmaban de la cintura para arriba.

Mi hermana y yo siempre decíamos que cuando nos casáramos llevaríamos a nuestro marido con mi papá para que le enseñara todo lo que sabía. Arregló y reforzó las llantitas de mi maleta, le hizo a Zuky un arnés para que pudiera desplazarse cuando se quedó paralizada, arregló el carrito del pibe, como le decía él, y casi olvido que nos hizo unas literas y que hizo también el famoso bandarral amarrillo.

Y todos quienes lo conocieron saben lo responsable y trabajador que era, sin importar qué tan simple fuera su tarea.

Él ya no está, pero sigue vivo en nuestro recuerdo y a través de su legado.

Feliz día del padre papito, dondequiera que esté...

martes, 7 de abril de 2015

Días extraños III

Almost dying changes nothing, dying changes everything. Gregory House, "House M. D."


Ya pasaron dos meses y medio desde la muerte de mi papá y yo aún no lo asimilo. Aún creo que no es cierto, aún quiero creer que no es cierto. Es difícil ver sus cosas y pensar en que ya no está.

El día del velorio una de mis primas se me acercó y me dijo que yo era la más fuerte de todas, supongo que refiriéndose a mi mamá y mi hermana. No sé realmente si es así, lo que sé es que como familia pasamos por muchas cosas y cada una de nosotras lo asimiló de distinta forma.

Supongo que cada una tendrá sus pensamientos en cuanto a la muerte de mi papá y sus circunstancias, pero creo que en el fondo a las tres nos duele lo mismo.

Unas semanas antes había hablado con mi mamá por teléfono y me dijo que mi papá estaba enfermo y que era seguro que terminaría internado, pero él era muy terco y nunca quería ir al Seguro.

Finalmente, el viernes anterior a su muerte, lo internaron. Y aunque estuvo a punto de sufrir un paro respiratorio pudieron estabilizarlo, pero al día siguiente lo dieron de alta. Ese mismo día se fue a trabajar y el domingo ya estaba mal otra vez. El lunes no podía ya ni moverse y mi cuñado tuvo que llevárselo en brazos al Seguro. Lo volvieron a internar pero esta vez no pudieron estabilizarlo y lo entubaron. Murió el viernes de esa misma semana.

A mi papá se le había dicho ya varias veces que tenía que dejar de trabajar, pero era algo que todos los que lo conocieron dicen que se lo habría acabado más rápido. El caso es que no dejó de trabajar y lo hizo mientras tuvo fuerzas para moverse.

He escuchado muchas veces el relato de cómo ocurrieron las cosas, de cómo mi mamá le dijo el sábado que lo dieron de alta que se le había dado otra oportunidad, que la aprovechara, y cómo él la desdeñó burlón. Y que sus últimas palabras, antes de que se lo llevaran para entubarlo, fueron "ya no voy a trabajar".

Mucho me pregunté por qué no tuvo otra oportunidad. Mucho me he imaginado cómo serían las cosas ahora si hubiera salido de la segunda crisis. Pero la realidad de las cosas es que mi mamá tenía razón y mi papá, en efecto, tuvo una última oportunidad. Y tomó su decisión.

Y siempre que pienso en eso, recuerdo esa frase que puse al inicio de este escrito: "casi morir cambia nada, morir cambia todo".

Mi papá casi muere la primera vez que lo internaron, pero eso no cambió nada. Fue hasta la segunda que finalmente tuvo un momento de claridad, pero ya era tarde. Y para nosotras, ha cambiado todo.

martes, 17 de marzo de 2015

Días extraños II

Mi padre murió y perdí mi teléfono. En él iban las fotos de la última Navidad. A quien se lo encontró mi hermana le llamó y le mandó mensajes, pero nunca respondieron. Y yo me sigo reprochando mi descuido y el no haber pasado las fotos a otro medio, además de que a veces me llega la angustia del uso indebido que pudieran darle a toda la información en el teléfono y trato de recordar qué había entre los e-mails, las fotos, los archivos, los mensajes de texto y LINE y WhatsApp.

Muchas fotos de mis caracoles y muchas fotos mías y videos que hacía mi sobrina. ¿Por qué nunca hice respaldo? Y sigo pensando en formas de recuperar la tarjeta de memoria, pero a estas alturas quizá ya la borraron aunque en Google Play me sigue apareciendo vinculado ese teléfono. Y quien se lo encontró sabía, si se puso a husmear, que mi padre acababa de morir.

Mi hermana puso una foto de una Navidad anterior donde está abrazándolo. Yo también tengo la mía, pero en la mía mi papá parece rehuir mi abrazo. Él era así, poco expresivo. Le incomodaban las muestras de afecto. Yo me parezco mucho a él. En lo físico, en el carácter, en el ansia de crear y en el amor y consideración hacia los animales.

Mis caracoles tuvieron bebés, como sesenta, y no sé qué haré con ellos. Es extraño el contraste entre la vida y la muerte. Ellos apenas empiezan a vivir y mi padre acaba de morir.

Tener que salir al mundo no ha sido fácil. Huyo en cuanto salgo de mis clases porque no quiero ser objeto del morbo de nadie. A pesar de ello, quien ha querido ha estado pendiente y en contacto, con una llamada o con un mensaje. Y quien no, supongo que seguirá esperando a que sea yo quien busque su apoyo.

Mi hermana me dijo estar resentida con algunas personas cercanas a ella que ni el pésame le dieron. Le dije que me sentía igual, pero que era consciente de que el mundo no giraba en torno a mí. Y que mi papá solía decirme que nunca contara con nadie y que quizá era una visión un poco sombría de la vida, pero que me hizo fuerte, que me hace fuerte ahora ante la indiferencia del mundo, que jamás será el mismo.

Murió un hombre bueno en esencia, algo incomprendido y encerrado en sí mismo, muy grande en algunos aspectos y muy pequeño en otros. Pero era mi padre y yo lo amaba. Y ni siquiera pude decirle adiós. Llegué unos minutos después de que había muerto.

Mi viejito, se me fue mi viejito y me quedé con tantas cosas sin decir y sin hacer. Recuerdo lo último que me dijo, el último beso que le di y me contó mi hermana que la primera vez que lo internaron una enfermera le preguntó por qué no dejaba de trabajar y le contestó que su hija mayor necesitaba una computadora (lo cual no es del todo cierto, es una idea que tuvo mi mamá porque le llamó la atención que el ventilador de mi lap siempre está encendido y le dije que era porque se calienta mucho).

Pensar en eso me duele, pensar en otras cosas que le dije me duele. Quisiera que él supiera que no las dije por él, que las dije porque me enojaba que la gente se aprovechara de él. Daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo, aunque fuera unos minutos, los suficientes para despedirnos. El tiempo es precioso y no me di cuenta de que debía aprovecharlo.

Mi mamá dijo que quizá se nos apareciera en sueños para despedirse. Mi hermana lo soñó, mi primo lo soñó. Yo no lo he soñado. Y me tortura pensar que se haya ido creyendo que yo no lo quería. Ni siquiera cuando estuve con él en el mortuorio fui capaz de decirle nada.

He estado como bloqueada. Trato de distraerme tejiendo, espiando a aquél que probablemente me odia (a quien sí soñé y no a mi padre), intentando trabajar sin éxito y perdiendo el tiempo en la red. Hasta hoy, hasta ahora. Y eso porque me puse a buscar una foto donde estuviera con mi papá y me encontré las de la rosca del año pasado y en una está mirando a la cámara y sonriendo y se ve tan frágil y pienso que así seguía trabajando. Que ya tenía 70 años y que era yo quien debía apoyarlo a él y no él a mí.

Otro primo y mi mamá dicen que porbablemente se hubiera acabado más rápido sin trabajar. Quizá, pero también es cierto que no se cuidaba y que hizo muchas cosas que aceleraron su muerte. Sé que no tiene caso ya pensar en qué habría sido de nuestras vidas si yo no hubiera tomado tantas decisiones equivocadas, si yo hubiera estado en posición de decirle que trabajara sólo si quería, no por necesidad.

Tendré que vivir con eso.

Ya no está y nunca volveré a verlo. Ojalá quien se encontró mi teléfono tuviera piedad y me regresara las fotos de la última Navidad y la última rosca de Reyes con mi padre.

Porque yo daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo...