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martes, 17 de marzo de 2015

Días extraños II

Mi padre murió y perdí mi teléfono. En él iban las fotos de la última Navidad. A quien se lo encontró mi hermana le llamó y le mandó mensajes, pero nunca respondieron. Y yo me sigo reprochando mi descuido y el no haber pasado las fotos a otro medio, además de que a veces me llega la angustia del uso indebido que pudieran darle a toda la información en el teléfono y trato de recordar qué había entre los e-mails, las fotos, los archivos, los mensajes de texto y LINE y WhatsApp.

Muchas fotos de mis caracoles y muchas fotos mías y videos que hacía mi sobrina. ¿Por qué nunca hice respaldo? Y sigo pensando en formas de recuperar la tarjeta de memoria, pero a estas alturas quizá ya la borraron aunque en Google Play me sigue apareciendo vinculado ese teléfono. Y quien se lo encontró sabía, si se puso a husmear, que mi padre acababa de morir.

Mi hermana puso una foto de una Navidad anterior donde está abrazándolo. Yo también tengo la mía, pero en la mía mi papá parece rehuir mi abrazo. Él era así, poco expresivo. Le incomodaban las muestras de afecto. Yo me parezco mucho a él. En lo físico, en el carácter, en el ansia de crear y en el amor y consideración hacia los animales.

Mis caracoles tuvieron bebés, como sesenta, y no sé qué haré con ellos. Es extraño el contraste entre la vida y la muerte. Ellos apenas empiezan a vivir y mi padre acaba de morir.

Tener que salir al mundo no ha sido fácil. Huyo en cuanto salgo de mis clases porque no quiero ser objeto del morbo de nadie. A pesar de ello, quien ha querido ha estado pendiente y en contacto, con una llamada o con un mensaje. Y quien no, supongo que seguirá esperando a que sea yo quien busque su apoyo.

Mi hermana me dijo estar resentida con algunas personas cercanas a ella que ni el pésame le dieron. Le dije que me sentía igual, pero que era consciente de que el mundo no giraba en torno a mí. Y que mi papá solía decirme que nunca contara con nadie y que quizá era una visión un poco sombría de la vida, pero que me hizo fuerte, que me hace fuerte ahora ante la indiferencia del mundo, que jamás será el mismo.

Murió un hombre bueno en esencia, algo incomprendido y encerrado en sí mismo, muy grande en algunos aspectos y muy pequeño en otros. Pero era mi padre y yo lo amaba. Y ni siquiera pude decirle adiós. Llegué unos minutos después de que había muerto.

Mi viejito, se me fue mi viejito y me quedé con tantas cosas sin decir y sin hacer. Recuerdo lo último que me dijo, el último beso que le di y me contó mi hermana que la primera vez que lo internaron una enfermera le preguntó por qué no dejaba de trabajar y le contestó que su hija mayor necesitaba una computadora (lo cual no es del todo cierto, es una idea que tuvo mi mamá porque le llamó la atención que el ventilador de mi lap siempre está encendido y le dije que era porque se calienta mucho).

Pensar en eso me duele, pensar en otras cosas que le dije me duele. Quisiera que él supiera que no las dije por él, que las dije porque me enojaba que la gente se aprovechara de él. Daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo, aunque fuera unos minutos, los suficientes para despedirnos. El tiempo es precioso y no me di cuenta de que debía aprovecharlo.

Mi mamá dijo que quizá se nos apareciera en sueños para despedirse. Mi hermana lo soñó, mi primo lo soñó. Yo no lo he soñado. Y me tortura pensar que se haya ido creyendo que yo no lo quería. Ni siquiera cuando estuve con él en el mortuorio fui capaz de decirle nada.

He estado como bloqueada. Trato de distraerme tejiendo, espiando a aquél que probablemente me odia (a quien sí soñé y no a mi padre), intentando trabajar sin éxito y perdiendo el tiempo en la red. Hasta hoy, hasta ahora. Y eso porque me puse a buscar una foto donde estuviera con mi papá y me encontré las de la rosca del año pasado y en una está mirando a la cámara y sonriendo y se ve tan frágil y pienso que así seguía trabajando. Que ya tenía 70 años y que era yo quien debía apoyarlo a él y no él a mí.

Otro primo y mi mamá dicen que porbablemente se hubiera acabado más rápido sin trabajar. Quizá, pero también es cierto que no se cuidaba y que hizo muchas cosas que aceleraron su muerte. Sé que no tiene caso ya pensar en qué habría sido de nuestras vidas si yo no hubiera tomado tantas decisiones equivocadas, si yo hubiera estado en posición de decirle que trabajara sólo si quería, no por necesidad.

Tendré que vivir con eso.

Ya no está y nunca volveré a verlo. Ojalá quien se encontró mi teléfono tuviera piedad y me regresara las fotos de la última Navidad y la última rosca de Reyes con mi padre.

Porque yo daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo...

jueves, 5 de marzo de 2015

Días extraños I

Estos han sido días extraños, en los que a veces me parece que estoy soñando.

Siento a veces, sobre todo, mucho desamparo. Pero me doy cuenta de que tengo que crecer, de que ya no puedo seguir amparándome en quienes yo tendria que cuidar.

Y sentada aquí, mientras escribo, me parece verlo en la silla frente a mí, donde se sentaba y a veces dormitaba. O volteo a mi derecha esperando verlo en el sofá donde se acostaba.

Cuando se iba a trabajar en las noches me angustiaba mucho, pero en la mañana ahí estaba.

Veo sus fotos y lo veo tan viejito, tan acabado. Y aún así seguía trabajando. Era muy terco. Quiso tomar, y tomó, sus propias decisiones hasta el final, aún si nos hería en el proceso.

Yo no estuve, hasta el último momento. Llegué minutos después de su muerte. Mi mamá me decía que estaban bien, que mis tías y primos estaban apoyando en ir a quedarse al hospital, pero que no me quitaba la intención de venir. Nunca me hizo sentir que fuera algo tan serio, hasta el día en que ella y mi hermana me explicaron lo que los médicos pensaban hacer si no reaccionaba. Y aún si salía de la crisis, quedaría muy enfermo. Pero yo seguía en negación, seguía creyendo que lo lograría, como tantas otras veces.

Y cuando me llamaron "te vienes directo al hospital" todas mis esperanzas se derrumbaron. Al llegar allá, lo supe al ver a mi hermana llorando.

Desde entonces, he escuchado muchas veces como fue, una y otra vez. Y todos dicen que fue mejor así, que estaba sufriendo mucho, que la calidad de vida que habria tenido de haber logrado superar la crisis habría sido muy mala y que él no lo habría querido, que nunca quiso estar atado a una máquina.

Mi viejito se fue y lo extraño mucho y me reprocho muchas cosas. Él era de un carácter muy difícil, muy poco expresivo y duro. Yo me parezco mucho a él en eso y en otras cosas, sobre todo en mi preocupación por los animales. Por eso luchaba por comprenderlo, pero fallé. Una vez intenté llegarle al corazón y fallé. Y aún ahora mi hermana parece estar más en paz con él que yo.

Tantas veces me fui a dormir cuando él se iba a trabajar con el miedo de que a la mañana siguiente no estuviera en el sofá, pero nada hice. Miraba hacia otro lado, me aislaba. Nunca le pregunté por qué seguía trabajando, pero debido en parte a mis desatinos quizá se sentía obligado a seguir esperando bajo el nido a mi siguiente caída.

Era terrible algunas veces, Dios sabe que fue terrible, pero yo lo amaba. Amaba a mi padre y soñaba con volver y decirle "ya no necesita trabajar, ahora yo veré por ustedes" y me lo imaginaba sentado, dedicándose sólo a tejer sus redes y quizá yo ayudándole.

Pero eso ya no será. Sin hechos, las palabras y las buenas intenciones nada valen.

Tantas cosas que cambiarán. Yo jamás seré la misma, lo sé, pero temo no aprender y seguir repitiendo mis errores. Creo que finalmente mi verdadero sentir y mi nuevo ser se darán cuando me reincorpore a mi cotidianidad.

Nunca he sido muy religiosa y ahora he tenido que rezar muchos rosarios y asistir a las misas del novenario. Hay oraciones y canciones muy bonitas, que me reconfortan, y que siempre me he preguntado quién escribe. Dice mi mamá que ya no podemos ayudar a mi papá físicamente, pero que sí podemos ayudarlo espiritualmente. Y confieso que tengo dudas. Me resisto a aceptar algo que ha sido para mí motivo de molestia en el pasado.

Ayer me dijo una de mis tías que el día que murió mi papá era uno de los mejores, porque era viernes de cuaresma y que se ganaban muchas indulgencias. Que lo más seguro era que se hubiera ido derecho al cielo. También me dijo que ellos se quedan aquí dos o tres horas, así que supo que llegué y escuchó lo que le dije. Pero la verdad es que no le dije nada relevante, sólo lloré y le dije que lo extrañaría. No, digámoslo así, me reconcilié con él ni me despedí. No sé si por eso no estoy tranquila y pensando tonterías. Pero me consoló la idea de que al menos supiera que vine.

Como dije, creo que soy muy parecida a él. Creía conocerlo y por eso trato de verlo desde mi punto de vista. Si yo muriera, no me gustaría que a quienes dejo cargaran con culpas y remordimientos. Me gustaría que supieran que estamos bien, que en lo que a mí respecta todo está olvidado. Muchas de las canciones que me gustan, de las que cantamos en los rosarios, hablan de eso "ya desde mi estrella los puedo mirar, denme una sonrisa para descansar". Pero me hace falta más que eso y me siento mal porque pienso que por mí aún no puede descansar en paz.

Además hay otros detalles, como las diferencias de puntos de vista entre mi hermana, mi mamá y yo. Puntos de vista que me hacen preferir guardarme mis pensamientos y sentimientos.

Pero ahora tengo que dormir, que mañana hay que salir a seguir haciendo trámites...

viernes, 30 de enero de 2015

They did it again

Ya tenían varios días bastante quietos, por lo que anoche se me hizo un poco raro ver a Ponchito despierto. Aprovechando la situación cambié la tierra de su antigua a su nueva casa (que espero que sea ya la definitiva), busqué huevos (que no había) y sembré algunos frijoles con la intención de que Ponchito y Conchito se coman los retoñitos.

Ponchito tenía mucha hambre, como ocurre siempre que duermen mucho tiempo, y le puse una rodaja de jitomate y le hice té de manzanilla, que estuvo bebiendo como por media hora.

Conchito mientras tanto seguía dormido a pesar de que le eché un poco de agua para que saliera de su concha. Luego se me ocurrió mojarlo con té de manzanilla y fue como despertó, pero no bebió mucho té.

Si se preguntaban cómo los distingo, Ponchito es el más grande y tiene franjas más anchas en su concha y es el que está tomando té.

Acá Ponchito está comiendo tortilla y Conchito está tomando té.

Como ya era tarde me fui a dormir, pero de rato me levanté a apagar la lap y me asomé a ver si se habían dormido otra vez y oh sorpresa... estaban en una especie de sesión de besos y tocándose mutuamente con sus antenitas:

video
Y eso que aún no es primavera o_O

De repente Conchito como que se movía mucho y se alejaba un poco, pero luego regresaba y seguían con sus caricias. Luego noté algo en ambos que me hizo darme cuenta de lo que estaba pasando: estaban en el ritual de apareamiento.

¿Ven esas protuberancias blancas entre las antenas de los caracoles? Sí, son justamente eso que están pensando.

Los estuve observando un rato porque la verdad me daba curiosidad saber cómo se hacen los caracolitos, pero ya eran las tres de la madrugada y me caía de sueño, además de que me sentí algo voyeur. Me dije que seguramente en la mañana amanecerían pegados como la otra vez y así fue:


Y caí en la cuenta de que esto seguirá ocurriendo y que por lo pronto tendré que estar pendiente en las siguientes dos semanas por si ahora sí desovan.

Caracolillos estos :P

lunes, 26 de enero de 2015

Día feliz

Primero porque alcancé cupo en natación y por fin voy a estrenar el traje de baño que me compré hace casi un año (es como este, aunque a mí no se me ve así, buuuuu).

Lo malo es que por mi horario de trabajo sólo alcanzo a ir entre 6 y 9 de la mañana y tendría que ir de 7 a 8 o de 8 a 9 para alcanzar y no podría ir todos los días por lo mismo. Aparte sigo yendo al módulo de acondicionamiento físico y pues andar cargando con toooooda la ropa deportiva (y la de natación mojada, de pilón), como que no me late. Pero ya veremos.

Ahora sí me tendré que dormir temprano... a restringir el Cafeland.

Segundo, desde hace mucho había visto unas botas de trabajo (así decía en la caja) que no me había animado a comprar porque se veían algo toscas y por caras. Y siempre que iba a la zapatería las veía y las veía y hasta las soñaba. Llegué al extremo de integrarlas al look del personaje de una historia que tengo en mente y no dejaba de pensar en cómo se me verían. Ya una vez me las había medido pero no andaba sola y por las prisas ya ni vi bien cómo me quedaban, pero sí me quedó muy presente que ya puestas no se veían tan toscas.

Y bueno, como ya tenía la idea de comprarme unas botitas porque las que tengo ya merecen un descansillo, anduve viendo y finalmente me decidí a medírmelas. Una señora que estaba junto a mí me observaba con mucho interés y me comentó cuando me las puse que se me veían muy bien, que iban con mi forma de vestir, jaja. Y que me decido y que me las llevo.

Llegué a hacer ejercicio con la cajota y me empezaron a echar carrilla los estudiantes, así que saqué las botas de la caja y la encargada del módulo dijo que se veían muy rudas y otra dijo que estaban muy bonitas. Es de gustos similares a los míos, jeje.

Ya sé que son de hombre, pero me encantan. Las amo, no me canso de verlas. Hasta se me ocurrieron unos outfits de aquéllos (if you know what i mean) pero ya no hay a quién enseñárselos, ni modo.

En fin, las famosas botas son estas:


Ya luego me preocuparé por cómo voy a pagarlas porque las saqué a crédito :P

Tercero, bajé uno y medio kilos de los cuatro que subí en las vacaciones. Ahí la llevo, poco a poco se va lejos.

Cuarto, aunque eso no pasó precisamente hoy sí fue motivo de alegría para mí. Por fin tejí algo con un patrón propio: el famoso gorro de Magikarp.

Algunos de los intentos, uno creo que lo desbaraté, el color melón aún vive y sí pienso terminarlo... algún día.

Yo modelando el gorro :P

El resultado final, aunque aún me falta coserle los ojos y las aletas blancas y los bigotillos.

Lo hice basada en fotos que vi en la red y lo tejí y destejí varias veces (dos de los intentos se quedaron sin terminar, de hecho. Y uno no lo encuentro, córcholis) y finalmente salió en la quinta versión. No he escrito el patrón pero sí estuve tomando notas... sólo espero no hacer desidia y que no se me olvide.

Quinto, les presento la Cthulhu funda para celular, muajajá, cuyo diseño está basado en el patrón para el muñeco Cthulhu de Rural Rebelion.

Mi cel modelando la funda.

La funda vista por detrás.

La funda vista por delante, aunque le faltan los ojos.

Quizá pueda pagar las botas si vendo algunas cosas que he tejido, jeje.

Y pasando a otras noticias, Conchito y Ponchito no han desovado (según he leído es un proceso que toma horas, así que si lo hacen es posible que yo lo note) y han estado muy quietos, supongo que por el frío y considerando que quizá deberían estar hibernando. Pero ahí está la Espaciolandesa metiche interfiriendo con la naturaleza...

Respecto a ellos, creo que alcancé un nuevo nivel de crazy snail lady. Les hice té de yerbabuena, el cual les gustó mucho, hay que decirlo.

Este es Conchito.

Este es Ponchito.

Luego compré una bolsa de tierra de cinco kilos en la Comer para asegurarme de que no tuviera bichos raros ni contaminantes, pero creo que a ellos no les gustó. Finalmente, les compré también un recipiente de plástico más grande y resistente que será su nueva casa... a la que no los he mudado aún.

Dicen que están muy consentidos... ¿será?

Y bueno, esas son las novedades, entre tantas ideas que tengo en la cabeza y que quizá un día me siente a escribir.