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domingo, 21 de junio de 2015

Mi papá

Mi papá siempre fue muy creativo. Cuando éramos niñas nos hacía vestiditos para nuestras muñecas y hasta nos hizo una salita miniatura. También nos hacía prendedores de madera en forma de catarina y nos enseñó a hacer alacranes y pulseras de alambre.

Una vez hizo una jaula con todo y periquito con cáscaras de naranja y palillos de dientes. El periquito era una semilla. Y para sus pericos de carne y hueso, hizo dos jaulas, también de puro alambre

Muchas de las herramientas que necesitaba para su trabajo las hizo él. Hizo rastrillos de varillas para quitar piedras y se las ingeniaba para que las líneas del campo le quedaran derechitas. Y también hacía las redes de las porterías, las tejía cuadro a cuadro con sus manos.

Recuerdo que de él aprendí que Marte tiene dos satélites que se llaman Fobos y Deimos, que si hubiera un holocausto nuclear las cucarachas lo sobrevivirían y que en el cuerpo tenemos algo que se llama fagocitos y que son los responsables de que nos de fiebre cuando nos enfermamos, porque intentan freir al virus que nos ataca.

Él y mi mamá fomentaban mi curiosidad. Algunos de mis regalos de Navidad fueron un globo terráqueo y un microscopio... hasta unas vecinas se burlaban de mí por eso y me decían "científica".

También fomentó en nosotras el gusto por la lectura y me habló de un fulano llamado Elvis Presley al que, cuando aparecía en televisión, sólo filmaban de la cintura para arriba.

Mi hermana y yo siempre decíamos que cuando nos casáramos llevaríamos a nuestro marido con mi papá para que le enseñara todo lo que sabía. Arregló y reforzó las llantitas de mi maleta, le hizo a Zuky un arnés para que pudiera desplazarse cuando se quedó paralizada, arregló el carrito del pibe, como le decía él, y casi olvido que nos hizo unas literas y que hizo también el famoso bandarral amarrillo.

Y todos quienes lo conocieron saben lo responsable y trabajador que era, sin importar qué tan simple fuera su tarea.

Él ya no está, pero sigue vivo en nuestro recuerdo y a través de su legado.

Feliz día del padre papito, dondequiera que esté...

martes, 7 de abril de 2015

Días extraños III

Almost dying changes nothing, dying changes everything. Gregory House, "House M. D."


Ya pasaron dos meses y medio desde la muerte de mi papá y yo aún no lo asimilo. Aún creo que no es cierto, aún quiero creer que no es cierto. Es difícil ver sus cosas y pensar en que ya no está.

El día del velorio una de mis primas se me acercó y me dijo que yo era la más fuerte de todas, supongo que refiriéndose a mi mamá y mi hermana. No sé realmente si es así, lo que sé es que como familia pasamos por muchas cosas y cada una de nosotras lo asimiló de distinta forma.

Supongo que cada una tendrá sus pensamientos en cuanto a la muerte de mi papá y sus circunstancias, pero creo que en el fondo a las tres nos duele lo mismo.

Unas semanas antes había hablado con mi mamá por teléfono y me dijo que mi papá estaba enfermo y que era seguro que terminaría internado, pero él era muy terco y nunca quería ir al Seguro.

Finalmente, el viernes anterior a su muerte, lo internaron. Y aunque estuvo a punto de sufrir un paro respiratorio pudieron estabilizarlo, pero al día siguiente lo dieron de alta. Ese mismo día se fue a trabajar y el domingo ya estaba mal otra vez. El lunes no podía ya ni moverse y mi cuñado tuvo que llevárselo en brazos al Seguro. Lo volvieron a internar pero esta vez no pudieron estabilizarlo y lo entubaron. Murió el viernes de esa misma semana.

A mi papá se le había dicho ya varias veces que tenía que dejar de trabajar, pero era algo que todos los que lo conocieron dicen que se lo habría acabado más rápido. El caso es que no dejó de trabajar y lo hizo mientras tuvo fuerzas para moverse.

He escuchado muchas veces el relato de cómo ocurrieron las cosas, de cómo mi mamá le dijo el sábado que lo dieron de alta que se le había dado otra oportunidad, que la aprovechara, y cómo él la desdeñó burlón. Y que sus últimas palabras, antes de que se lo llevaran para entubarlo, fueron "ya no voy a trabajar".

Mucho me pregunté por qué no tuvo otra oportunidad. Mucho me he imaginado cómo serían las cosas ahora si hubiera salido de la segunda crisis. Pero la realidad de las cosas es que mi mamá tenía razón y mi papá, en efecto, tuvo una última oportunidad. Y tomó su decisión.

Y siempre que pienso en eso, recuerdo esa frase que puse al inicio de este escrito: "casi morir cambia nada, morir cambia todo".

Mi papá casi muere la primera vez que lo internaron, pero eso no cambió nada. Fue hasta la segunda que finalmente tuvo un momento de claridad, pero ya era tarde. Y para nosotras, ha cambiado todo.

martes, 17 de marzo de 2015

Días extraños II

Mi padre murió y perdí mi teléfono. En él iban las fotos de la última Navidad. A quien se lo encontró mi hermana le llamó y le mandó mensajes, pero nunca respondieron. Y yo me sigo reprochando mi descuido y el no haber pasado las fotos a otro medio, además de que a veces me llega la angustia del uso indebido que pudieran darle a toda la información en el teléfono y trato de recordar qué había entre los e-mails, las fotos, los archivos, los mensajes de texto y LINE y WhatsApp.

Muchas fotos de mis caracoles y muchas fotos mías y videos que hacía mi sobrina. ¿Por qué nunca hice respaldo? Y sigo pensando en formas de recuperar la tarjeta de memoria, pero a estas alturas quizá ya la borraron aunque en Google Play me sigue apareciendo vinculado ese teléfono. Y quien se lo encontró sabía, si se puso a husmear, que mi padre acababa de morir.

Mi hermana puso una foto de una Navidad anterior donde está abrazándolo. Yo también tengo la mía, pero en la mía mi papá parece rehuir mi abrazo. Él era así, poco expresivo. Le incomodaban las muestras de afecto. Yo me parezco mucho a él. En lo físico, en el carácter, en el ansia de crear y en el amor y consideración hacia los animales.

Mis caracoles tuvieron bebés, como sesenta, y no sé qué haré con ellos. Es extraño el contraste entre la vida y la muerte. Ellos apenas empiezan a vivir y mi padre acaba de morir.

Tener que salir al mundo no ha sido fácil. Huyo en cuanto salgo de mis clases porque no quiero ser objeto del morbo de nadie. A pesar de ello, quien ha querido ha estado pendiente y en contacto, con una llamada o con un mensaje. Y quien no, supongo que seguirá esperando a que sea yo quien busque su apoyo.

Mi hermana me dijo estar resentida con algunas personas cercanas a ella que ni el pésame le dieron. Le dije que me sentía igual, pero que era consciente de que el mundo no giraba en torno a mí. Y que mi papá solía decirme que nunca contara con nadie y que quizá era una visión un poco sombría de la vida, pero que me hizo fuerte, que me hace fuerte ahora ante la indiferencia del mundo, que jamás será el mismo.

Murió un hombre bueno en esencia, algo incomprendido y encerrado en sí mismo, muy grande en algunos aspectos y muy pequeño en otros. Pero era mi padre y yo lo amaba. Y ni siquiera pude decirle adiós. Llegué unos minutos después de que había muerto.

Mi viejito, se me fue mi viejito y me quedé con tantas cosas sin decir y sin hacer. Recuerdo lo último que me dijo, el último beso que le di y me contó mi hermana que la primera vez que lo internaron una enfermera le preguntó por qué no dejaba de trabajar y le contestó que su hija mayor necesitaba una computadora (lo cual no es del todo cierto, es una idea que tuvo mi mamá porque le llamó la atención que el ventilador de mi lap siempre está encendido y le dije que era porque se calienta mucho).

Pensar en eso me duele, pensar en otras cosas que le dije me duele. Quisiera que él supiera que no las dije por él, que las dije porque me enojaba que la gente se aprovechara de él. Daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo, aunque fuera unos minutos, los suficientes para despedirnos. El tiempo es precioso y no me di cuenta de que debía aprovecharlo.

Mi mamá dijo que quizá se nos apareciera en sueños para despedirse. Mi hermana lo soñó, mi primo lo soñó. Yo no lo he soñado. Y me tortura pensar que se haya ido creyendo que yo no lo quería. Ni siquiera cuando estuve con él en el mortuorio fui capaz de decirle nada.

He estado como bloqueada. Trato de distraerme tejiendo, espiando a aquél que probablemente me odia (a quien sí soñé y no a mi padre), intentando trabajar sin éxito y perdiendo el tiempo en la red. Hasta hoy, hasta ahora. Y eso porque me puse a buscar una foto donde estuviera con mi papá y me encontré las de la rosca del año pasado y en una está mirando a la cámara y sonriendo y se ve tan frágil y pienso que así seguía trabajando. Que ya tenía 70 años y que era yo quien debía apoyarlo a él y no él a mí.

Otro primo y mi mamá dicen que porbablemente se hubiera acabado más rápido sin trabajar. Quizá, pero también es cierto que no se cuidaba y que hizo muchas cosas que aceleraron su muerte. Sé que no tiene caso ya pensar en qué habría sido de nuestras vidas si yo no hubiera tomado tantas decisiones equivocadas, si yo hubiera estado en posición de decirle que trabajara sólo si quería, no por necesidad.

Tendré que vivir con eso.

Ya no está y nunca volveré a verlo. Ojalá quien se encontró mi teléfono tuviera piedad y me regresara las fotos de la última Navidad y la última rosca de Reyes con mi padre.

Porque yo daría todas las computadoras y todos los teléfonos del mundo si con eso pudiera tener a mi padre conmigo...

jueves, 5 de marzo de 2015

Días extraños I

Estos han sido días extraños, en los que a veces me parece que estoy soñando.

Siento a veces, sobre todo, mucho desamparo. Pero me doy cuenta de que tengo que crecer, de que ya no puedo seguir amparándome en quienes yo tendria que cuidar.

Y sentada aquí, mientras escribo, me parece verlo en la silla frente a mí, donde se sentaba y a veces dormitaba. O volteo a mi derecha esperando verlo en el sofá donde se acostaba.

Cuando se iba a trabajar en las noches me angustiaba mucho, pero en la mañana ahí estaba.

Veo sus fotos y lo veo tan viejito, tan acabado. Y aún así seguía trabajando. Era muy terco. Quiso tomar, y tomó, sus propias decisiones hasta el final, aún si nos hería en el proceso.

Yo no estuve, hasta el último momento. Llegué minutos después de su muerte. Mi mamá me decía que estaban bien, que mis tías y primos estaban apoyando en ir a quedarse al hospital, pero que no me quitaba la intención de venir. Nunca me hizo sentir que fuera algo tan serio, hasta el día en que ella y mi hermana me explicaron lo que los médicos pensaban hacer si no reaccionaba. Y aún si salía de la crisis, quedaría muy enfermo. Pero yo seguía en negación, seguía creyendo que lo lograría, como tantas otras veces.

Y cuando me llamaron "te vienes directo al hospital" todas mis esperanzas se derrumbaron. Al llegar allá, lo supe al ver a mi hermana llorando.

Desde entonces, he escuchado muchas veces como fue, una y otra vez. Y todos dicen que fue mejor así, que estaba sufriendo mucho, que la calidad de vida que habria tenido de haber logrado superar la crisis habría sido muy mala y que él no lo habría querido, que nunca quiso estar atado a una máquina.

Mi viejito se fue y lo extraño mucho y me reprocho muchas cosas. Él era de un carácter muy difícil, muy poco expresivo y duro. Yo me parezco mucho a él en eso y en otras cosas, sobre todo en mi preocupación por los animales. Por eso luchaba por comprenderlo, pero fallé. Una vez intenté llegarle al corazón y fallé. Y aún ahora mi hermana parece estar más en paz con él que yo.

Tantas veces me fui a dormir cuando él se iba a trabajar con el miedo de que a la mañana siguiente no estuviera en el sofá, pero nada hice. Miraba hacia otro lado, me aislaba. Nunca le pregunté por qué seguía trabajando, pero debido en parte a mis desatinos quizá se sentía obligado a seguir esperando bajo el nido a mi siguiente caída.

Era terrible algunas veces, Dios sabe que fue terrible, pero yo lo amaba. Amaba a mi padre y soñaba con volver y decirle "ya no necesita trabajar, ahora yo veré por ustedes" y me lo imaginaba sentado, dedicándose sólo a tejer sus redes y quizá yo ayudándole.

Pero eso ya no será. Sin hechos, las palabras y las buenas intenciones nada valen.

Tantas cosas que cambiarán. Yo jamás seré la misma, lo sé, pero temo no aprender y seguir repitiendo mis errores. Creo que finalmente mi verdadero sentir y mi nuevo ser se darán cuando me reincorpore a mi cotidianidad.

Nunca he sido muy religiosa y ahora he tenido que rezar muchos rosarios y asistir a las misas del novenario. Hay oraciones y canciones muy bonitas, que me reconfortan, y que siempre me he preguntado quién escribe. Dice mi mamá que ya no podemos ayudar a mi papá físicamente, pero que sí podemos ayudarlo espiritualmente. Y confieso que tengo dudas. Me resisto a aceptar algo que ha sido para mí motivo de molestia en el pasado.

Ayer me dijo una de mis tías que el día que murió mi papá era uno de los mejores, porque era viernes de cuaresma y que se ganaban muchas indulgencias. Que lo más seguro era que se hubiera ido derecho al cielo. También me dijo que ellos se quedan aquí dos o tres horas, así que supo que llegué y escuchó lo que le dije. Pero la verdad es que no le dije nada relevante, sólo lloré y le dije que lo extrañaría. No, digámoslo así, me reconcilié con él ni me despedí. No sé si por eso no estoy tranquila y pensando tonterías. Pero me consoló la idea de que al menos supiera que vine.

Como dije, creo que soy muy parecida a él. Creía conocerlo y por eso trato de verlo desde mi punto de vista. Si yo muriera, no me gustaría que a quienes dejo cargaran con culpas y remordimientos. Me gustaría que supieran que estamos bien, que en lo que a mí respecta todo está olvidado. Muchas de las canciones que me gustan, de las que cantamos en los rosarios, hablan de eso "ya desde mi estrella los puedo mirar, denme una sonrisa para descansar". Pero me hace falta más que eso y me siento mal porque pienso que por mí aún no puede descansar en paz.

Además hay otros detalles, como las diferencias de puntos de vista entre mi hermana, mi mamá y yo. Puntos de vista que me hacen preferir guardarme mis pensamientos y sentimientos.

Pero ahora tengo que dormir, que mañana hay que salir a seguir haciendo trámites...