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lunes, 7 de julio de 2014

Espaciolandesa no es mujer de mundo

Todo comenzó conmigo yéndome a León con el tiempo justo para llegar puntual a mi cita, que era a la 1:30 pm. Salí de mi casa un poco antes de las 11 y de la ciudad a las 11:10.

Poco antes de las 12 tomé la oruga que me deja en el centro y a eso de las 12:15 ya iba, según yo, camino al consultorio de la doctora.

Para esto, en mi visita anterior y con el único propósito de no desorientarme, como siempre, anoté en qué dirección tenía que irme, pero me dio flojera sacar mi libreta y quise confiar en mi memoria. Craso error.

Me fui, precisamente como aquella vez anterior y que fue lo que me motivó a tomar notas, en sentido contrario. Vi el famoso letrero de Telas Beba y no recordaba si debía ir hacia él o no. Y claro que me di cuenta de que iba en sentido contrario, pero no quise regresarme porque recordé que por una de esas calles sólo bajando llegaba a la calle donde debía tomar el camión que pasa por la calle donde está el consultorio y decidí seguir adelante. Otro error.

No di con la calle que recordaba y decidí bajar una cuadra, llegando a una parte que me resultó por completo desconocida, hasta que vi una tienda donde una vez compré un matamoscas eléctrico y me dije que iba en la dirección correcta, luego no sé dónde di vuelta y me fui a rodear el Mercado Aldama, llegando a la parada donde me bajo cuando regreso del consultorio, pero ya ahí me ubiqué perfectamente, excepto porque la calle donde tomaba el camión de ida estaba ahora en sentido contrario y por obras reubicaron las paradas.

Vi el reloj y ya eran las 12:30 y empecé a entrar en pánico. Pregunté en una ferretería donde tomar el camión y me dijeron "en tal calle", a lo cual respondí con un lastimoso "es que no conozco" y ya, me dijeron que sólo diera vuelta a la izquierda en la siguiente calle y que como a media cuadra estaban las paradas del camión.

Para esto, en una de mis visitas anteriores, di un paseo exploratorio y sabía que subiendo por una de las calles al costado del Mercado Aldama llegaba a otra calle por la que pasa el camión. Y sabía también que en esa calle había una parada. Así que en lugar de seguir las instrucciones del muchacho de la ferretería, me fui derecho hasta esa calle y me situé en la parada.

Para esto ya casi era la una de la tarde y el camión no pasaba. Y pensé "¿y si pasa y no se para?". Y me resigné a tomar un taxi, pensando en que podría ver así cuál era la ruta más corta sin el rodeadero que hace el camión. Cuando lo abordé faltaban como cinco minutos para la una, a la una ya estaba en el consultorio. Resultó que estaba muy cerca y que fácilmente habría llegado caminando. Me sentí un poco ridicula, pero pensé "ya sé para la otra"... por cierto, cuando me desorienté por completo y fui a dar al Mercado Aldama, pasé enfrente de las famosas Telas Beba, jaja. Así que es ir hacia Telas Beba y a la izquierda, siempre a la izquierda.

Eeeeeeeeeeeeeeeeen fin. Pasé a mi consulta y me regresé caminando. Se me hizo mucho más cerca en taxi, pero como sea no estaba muy lejos. Unas tres cuadras. Y ya, llegué al Mercado Aldama y de ahí me fui a buscar una calle donde vi que vendían estambres, compré un verde muy bonito para mi Cthulhu y luego me fui a buscar otra tienda, pero en el camino llegué a varios lugares a buscar algunas cosas que no había encontrado acá.

Para esto, como hice limpieza general ayer, me dolían las piernas y ya estaba algo cansada de caminar. Así que me senté en un jardín a comerme mi lonche y de ahí me fui a comprar aire comprimido a la Plaza de la Tecnología, que por cierto en un local me dieron la lata a $50 y en otro, de la entrada, a $40. Chale.

A estas alturas ya eran más de las cinco y me fui a tomar la oruga para irme a la central, pero por ir en la baba se me pasó la parada y en vez de bajarme en la siguiente y tomar la oruga de nuevo para regresarme una estación, decidí irme hasta la última, que es la que me bajo cuando vengo de acá, y tomar el camión en una parada que está en una plaza comercial cerca de ahí... excepto que dicha parada había sido suprimida y luego de que pasaron dos camiones y no se detuvieron, no me quedó de otra que regresar de nuevo a tomar la oruga y esta vez bajarme en la parada más cercana a la central.

Total que llegué a la central a las 7 y por suerte el camión salió pronto. Y resulta que la parada cercana a la plaza comercial la reubicaron a más adelante de donde estaba antes... pero bueno "ya sé para la otra".

Llegué a la ciudad a las 8 y a mi casa como a las 9:15, luego de dos intentos infructuosos en dos farmacias diferentes de surtir mi receta, por lo que tendré que ir de nuevo mañana.

Pero bueno, ya estoy en casita y lista para irme a dormir. Mañana hago mi maleta y ¡vacaciones!

jueves, 15 de mayo de 2014

¿Para qué sirven las matemáticas?

Hoy, como creo que todos y todas saben, es día del maestro. Y yo, como saben quienes me conocen, estudié matemáticas. Y bueno, también soy profesora. De Cálculo, jeje.

En fin. La cuestión es que es muy común que la gente pregunte con cierto desprecio "¿para qué sirven las matemáticas?", siendo que las usa todo el tiempo y todos los días y sin darse cuenta.

Recuerdo una ocasión en que acompañé a mi mamá a comprar despensa y vimos dos paquetes de jamón, uno más caro y otro más barato. El más caro tenía un poco más de jamón que el más barato. Cuando me pasa eso al comprar, que no tengo una constante entre dos productos, hago una regla de tres y así determino cuál es realmente el más barato.

Así pues hice mi regla de tres y luego, sin decirle a mi mamá el resultado, le pregunté cuál jamón escogería. Para mi grata sorpresa, eligió el que daba más por mejor precio, es decir, el que resultó ganador en mi regla de tres. Quizá fue una respuesta intuitiva y basada en su experiencia comprando víveres, pero no siempre la respuesta intuitiva es la correcta (y la verdad no me acuerdo cuál de los dos jamones daba más por menos, pero creo que el que era el más barato).

Como sea... el caso es que hoy fui a comprar papel de baño. Encontré el mismo tipo de papel en cuatro distintas presentaciones:

- Paquete 1, de 12 rollos de 218 hojas y 20.71 metros cada rollo, a $79.9
- Paquete 2, de 12 rollos de 280 hojas y 26.6 metros cada rollo, a $102.95
- Paquete 3, de 16 rollos (se supone que era de 12, con 4 gratis) de 280 hojas y 26.6 metros cada rollo, a $87.45
- Paquete 4, de 4 rollos de 179 hojas y 16.15 metros cada rollo, a $10.04

¿Cuál hubieran comprado?

Al principio tomé el Paquete 4, pero luego pensé que el Paquete 3 sería mejor. Después de todo, es común que las presentaciones jumbo resulten más económicas. ¡Y eran cuatro rollos gratis! Además, comparado con el Paquete 2 (misma cantidad "original" de rollos con mismas hojas y misma longitud), claramente salía más barato.

Pero quisquillosa como soy, quise estar segura de que haría la mejor compra y me puse a hacer mis reglas de tres. Así pues, tomando como referencia el Paquete 4 hice las siguientes cuentas:

- El Paquete 4 tiene en total 64.6 metros, luego 64.6 metros cuestan $10.04
- El Paquete 2 tiene en total 319.2 metros, luego tendría que costar $49.6 y costaba $102.95, más del doble (207%, para ser exacta).
- El Paquete 3 tiene en total 425.6 metros, luego tendría que costar $66.14 y costaba $87.45, 32% más caro.

Ya con estas cuentas hechas era clarísimo que la mejor opción era el Paquete 4, pero quise darle una oportunidad al Paquete 1. Y según mis cuentas, éste debería costar $38.62 y su costo real resultó 206% mayor.

Así pues, para tener la misma cantidad de papel que tiene el Paquete 1 al precio del Paquete 4, debía comprar 3.84 paquetes. Cuatro, ya redondeando, con un costo total de $40.16, poquitito más de la mitad del precio del Paquete 1.

Al fiinal compré seis paquetes, persuadida por un guardia de seguridad que me estuvo observando y me dijo que ojalá todas las esposas fueran así de ahorradoras y que aprovechara el buen precio del papel antes de que se acabara, porque seguramente más gente se daría cuenta de que era la mejor opción. Le hice caso más que nada porque sé que esa tienda se tardan bastante en surtirla y también que es probable que la misma presentación, el Paquete 4, no llegue al mismo precio la siguiente ocasión... y menos porque en la plática le dije al guardia que salía casi a la mitad de precio, auch.

Y por si se lo preguntaban, de los tres paquetes restantes el segundo mejor en precio era el Paquete 3 (había un quinto paquete de 32 rollos de 179 hojas y 16.15 metros cada rollo a $100.8, el cual no consideré por no ser de la misma presentación que los otros paquetes ya que tenía aroma a manzanilla , pero éste sería en realidad la segunda mejor opción, al ser 25.5% más caro). Así pues, al precio del Paquete 3, el Paquete 4 debería costar $13.27, que en seis paquetes me ahorraron $19.4

Ya para concluir, esto me hizo pensar en lo irreflexivos que somos al comprar y en cómo al no haber constantes entre una presentación del mismo tipo de papel y otra (misma longitud de los rollos, misma cantidad de estos o mismo precio), el consumidor se desorienta y se deja llevar por lo que, en apariencia, tiene "más". Y quizá no estaría muy equivocado, después de todo, el paquete de 32 rollos y el paquete de 16 rollos fueron la segunda y tercera mejor opciones, respectivamente.

Pero sigo preguntándome... ¿por qué tanta diferencia entre los Paquetes 2 y 3, que tienen los rollos del mismo tamaño? Evidentemente el paquete de 16 es mejor, aunque en teoría es un paquete de 12 con 4 rollos extra, pero aún si también fuera de 12, seguiría siendo de menor precio.

Y aún así, mientras hacía mis cuentas, una señora tomó un Paquete 2 (el de 12 rollos por $102.95) en lugar del Paquete 3 (de 16 rollos por $87.45). Y eso que, como los rollos eran del mismo tamaño, no se necesitaban reglas de tres para darse cuenta de cuál era la mejor opción.

En fin amiguitos y amiguitas, espero que este sencillo análisis les sea de ayuda la siguiente vez que vayan a comprar papel de baño.

viernes, 11 de abril de 2014

Miedo de morir

I.

El domingo pasado estaba en mi casa, trabajando, cuando empecé a percibir un olor como a quemado. Me acerqué a la estufa pensando que quizá sería un pedazo de tortilla sobre el comal caliente o algo así, pero todo parecía estar en orden y regresé a seguir trabajando. De rato el olor se intensificó y ahora era como a llanta quemada, pero sólo pensé "qué raro" y seguí en lo que estaba.

Más tarde empecé a sentirme mal de repente, me dolía mucho la cabeza y me sentía mareada y con náuseas. Me dije que no tenía sentido porque había comido bien y no tenía hambre, creo que incluso pensé en comerme una naranja. La verdad no recuerdo si me la comí o no, pero como ya tenía bastante rato sin internet, salí a buscar a mi casero y entonces descubrí el origen del olor a quemado: mis vecinos de casi enfrente tenían un brasero encendido afuera de su casa, a unos metros de mi puerta.

Y a pesar de que al verlo sentí algo de coraje (porque mucho se habla en las noticias de lo peligroso que es encender braseros en espacios cerrados), no dije nada y fui a la casa de mis caseros, que no estaban. Pero mientras iba y venía, como decimos coloquialmente, me cayó el veinte. Por eso me sentía mal, el olor a llanta quemada que percibí en mi casa provenía de ese brasero, y mis molestias eran quizá los primeros síntomas de una intoxicación.

Para mi mala suerte, en mi hogar sólo hay una ventana que da directamente a la calle y que nunca abro por esta razón, pero no me quedó otro remedio y la abrí. Pensé que con eso sería suficiente para ventilar, pero el malestar físico, sumado al coraje que me causó darme cuenta de que los vecinos tenían un brasero encendido en un pasillo de un metro de ancho y rodeado de paredes de unos diez metros de alto, que para colmo va en bajada y desemboca justo en la puerta de mi casa, me hizo decidir que definitivamente no quería quedarme ahí, así que junté todas las bolsas de basura que tenía para salír a tirarlas y así despejarme un rato.

Sólo que al salir no pude contener mi molestia y le pregunté al fulano (los vecinos son un matrimonio y él estaba afuera) si iban a tener "eso" ahí mucho tiempo y me dijo que ya lo iba a quitar. Le dije "por favor, se está metiendo el humo a mi casa y yo ya me estoy sintiendo mal, me duele la cabeza y estoy mareada. Súbanlo a la azotea, no sé". Y me di la vuelta para irme a tirar la basura, pero antes de hacerlo alcancé a ver que salía la mujer, pero ya no me regresé a decirle algo a ella.

Fui a tirar mi basura y me estuve un rato afuera de la casa, respirando aire "puro", y al regresar todavía tenían el brasero. Me metí a mi casa sin decirles ya nada y empecé a considerar llamar al 066. Estaba bastante enojada porque me tomé muy en serio el peligro de una intoxicación y para nada me gustaba la idea de arriesgar mi vida por un par de imprudentes. En esas reflexiones estaba cuando escuché la voz de mi casera, como media hora después, y salí a comentarle lo del internet y el brasero ya no estaba, pero el olor a llanta quemada persistía.

Esto que platico pasó después de las 10:30 y yo estuve con la ventana abierta y sin atreverme a irme a dormir como hasta las 12 ó 1, no recuerdo. La verdad me daba miedo dormirme y no lo hice ni cerré la ventana hasta que dejé de sentirme mal. Hasta pensé en poner la alarma del despertador cada media hora, pero me dije que si de verdad quedaba inconsciente de nada serviría.

Lo curioso de todo esto es el miedo que sentí de irme a dormir y no despertar y de pensar en el después, de pensar en la gente que me conoce y con la que convivo diciendo cosas como "parece que se murió por intoxicación con monóxido de carbono" y me los imaginé consternados, sin poderlo creer, pensando "pero si la vi ayer y estaba bien". Y claro, también pensé en si habría consecuencias para los vecinos inconscientes.

Y no sé, me cayó como una loza la certeza de que así es la muerte cuando llega. Inesperada, inimaginable, incierta, desconcertante, y de que nada me asegura despertar para vivir otro día o regresar sana y salva a mi casa cada vez que salgo de ella.

Toda la semana estuve pensando en qué habría pasado si yo ya hubiera estado dormida, que de hecho había planeado irme a dormir temprano porque andaba desvelada, y estuve algunos días, sobre todo uno en el que me fui a dormir a las 9:30, con el miedo de que se les ocurriera sacar el brasero otra vez.


II.

El martes estuvieron en la ciudad Jis y Trino y fui al evento, que terminó a las 10 de la noche. Una de las razones por las que no salgo es que no me gusta andar tarde en la calle y menos me agrada la idea de tomar un taxi de noche, pero dadas las circunstancias no tenía otra opción. Lo curioso del asunto es que yo iba caminando sin intención aún de parar un taxi (pensaba hacerlo más adelante) cuando uno que pasó de largo se detuvo unos metros adelante y el chofer se asomó y me preguntó si quería el servicio. Me pareció un poco extraño, pero le dije que sí y me subí. Ya en el interior me dijo "es que la vi indecisa" y yo sólo le respondí "es que no sabía si venía ocupado o no".

Pero algo seguía inspirándome desconfianza y recordé todas las veces que me metí en problemas por hacer caso omiso de mi intuición y empecé a reprocharme internamente. En consecuencia, todo el camino estuve nerviosa, sintiendo un hueco en el estómago cada vez que el taxista tomaba un camino que no era el habitual (hasta que recordaba que debido a las obras en la ciudad tenía que hacer esos rodeos), pero sin dejar de pensar en qué haría si intentara algo, en si podría dominar mi miedo o en si sería capaz de intentar defenderme.

Afortunadamente, todo fue producto de mi loca imaginación (así lo quiero creer, pero no dejo de pensar que había algo raro) y llegué sana y salva a mi casa.


III.

Un día ya hace algunos meses, platicando con Juanito, le pregunté si creía que en el suicidio como una manera de controlar la manera en la que deseas morir y me dijo que sí. Le dije que yo a veces lo consideraba de esa forma, que quizá era tanto el miedo a morir en circunstancias fuera del control de una que por eso se optaba por el suicidio.

Y pensé durante muchos días en que me gustaría saber cómo voy a morir, que en estos tiempos que vivimos (y debido a que me enteré del asesinato del padre de un conocido y eso me perturbó bastante) ya cualquier cosa puede pasar. Pero la idea desapareció con los días y ahora no sé si quisiera saberlo.


IV.

Me da miedo morir y dejar todo este lío en mi casa, dejar mis cargas a otras personas y mis secretos sin descubrir... aunque bueno, hay algunas cosas que es mejor que se queden así, secretas.

Para mí se acabaría, pero le temo al después para los que se quedan.

Creo que lo que más me preocupa de morir repentina e inesperadamente es el dolor que eso le causaría a mi mamá.

Y es curioso que este miedo repentino a la muerte, combinado quizá con la insatisfacción que siento en mi trabajo, me esté dando la motivación que ma hacía falta para volver con los míos.

Quiero volver con los míos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

De sorpresas gratas

Estaba yo en modo paranoico, como casi siempre, y quise saber qué se puede encontrar de mí en la red.

Y lo que encontré, entre otras cosas, fue una cuenta antigua de un sitio donde te hacen preguntas y las respondes.

Así pues, me puse a leer las preguntas y mis respuestas y me encontré esto:


Según las fechas, me preguntaron esto hace cuatro años y ha sido una muy grata sorpresa darme cuenta de que, si bien me conozco y sé que contesté eso sin creerlo posible, ocurrió: vivo en un lugar propio (aunque es rentado) y escribo entradas para mi blog desde una computadora de mi propiedad y conectada a un servicio de internet que estoy pagando yo.

Así que a pesar de sentir a veces que fracasé en la vida, he logrado cosas.




Quizá no son tan relevantes como las de mis amistades, pero considerando mis circunstancias de años atrás, son importantes.

Es un poco raro darse cuenta de repente de que si bien a veces sí necesito ayuda, en general soy independiente y vivir conforme a lo que me permite mi situación económica me ha hecho madurar. Hace poco me decía un amigo que no era poco lo que soy aunque yo no lo vea.

Y el hallazgo de esta pregunta y su respuesta me ha ayudado un poco a verlo, y sobre todo, a aceptarlo.