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sábado, 29 de noviembre de 2014

La carrera

Como usuaria de los módulos de acondicionamiento físico de mi lugar de trabajo, era obligatorio que participara en una carrera de 5 kilómetros.

Y la verdad, si no hubiera sido obligatoria, no me habría inscrito. Y es que aunque desde marzo acudo con cierta regularidad a hacer ejercicio y sí he tenido progresos, sé que no han sido tantos como para aguantar una carrera.

Pero ya que en mi rutina cubro 4 km alternando entre caminata rápida y trote a 8 kilómetros por hora, pensé que, aunque pesado, lo resistiría. Cabe aclarar que tenía la opción de no ir, pero quise hacerlo para probarme a mí misma.

Además la carrera era recreativa, así que digamos que no había la presión de la competencia.

Así pues, luego de media hora de buscar a Conchito (se salió de su nueva casa, historia que contaré luego), me fui al lugar de reunión y apenas llegar me abrumé un poco al ver gente con ropa de correr y tenis profesionales. Yo traía un pants común y corriente y mis tenis de siempre. También había gente calentando y pues yo sólo hice unos pocos estiramientos (los que recordaba de mi entrenamiento con las pesas rusas) y decidí ir en el grupo de los que caminarían y trotarían.

Luego del discurso motivacional y la explicación de la ruta, arrancamos.

Los primeros metros (del Edificio Central al Teatro Juárez, en dirección al Templo de la Compañía y rodeando por la calle por la que pasa el camión) sí los hice trotando. En el módulo nos dan sensores para ir monitoreando el ritmo cardiaco y eso me ha permitido conocer las reacciones de mi cuerpo, así que cuando lo creí conveniente cambié a caminar a paso rápido. Así avancé hasta Sangre de Cristo y luego troté hasta el jardín Embajadoras. No di para más porque es subida. Cambié a paso rápido y más adelante, en el túnel de regreso, troté hasta antes de llegar al Quijote.

A esta altura de la carrera, como iba en el segundo grupo y ya había muchos rezagados, éramos pocos y el tráfico ya estaba empezando a circular, así que teníamos que ir esquivando autos. Volví a cambiar a paso rápido y más adelante, a la altura del Vanilla (donde venden micheladas de sabores) volví a trotar hasta el Teatro Principal. Ahí cambié de nuevo a caminar rápido, pero ya empezaban a dolerme los tobillos.

Llegamos al Templo de la Compañía y volvimos a bajar por la ruta del camión. Seguí caminando hasta la Plaza de la Paz y ahí volví a trotar hasta un poco antes de llegar al Bancomer. Volví a caminar, ya con un dolor más intenso en los tobillos, y antes de llegar a la Unidad Belén retomé el trote, hasta un poco antes de llegar a Del Sol.

Ahí volví a caminar y me encontré a las enfermeras del módulo que me dieron ánimos, pero ya me estaba molestando mucho el dolor y les dije "¡ya me cansé!"

Ellas nos indicaron que bajáramos por el túnel y rodeamos para llegar al túnel de Tamazuca, pero no entramos al túnel, dimos vuelta a la derecha para llegar a la Alhóndiga. Todo eso lo hice caminando y ya a paso normal.

Un poco antes de llegar a la Alhóndiga retomé el trote y me aventé la subida del costado trotando. Y ya, el resto del camino, por Pocitos, lo hice caminando. Un poco antes de llegar de nuevo al Edificio Central estaba un fotógrafo y un fulano animándonos a hacer el último esfuerzo y empecé a trotar otra vez para hacer mi arribo triunfal a la meta, aunque nadie me peló.

Ya ahí me pusieron un punto rojo en la playera y me dieron mi kit de recuperación, consistente en una botella de agua, una barra de granola, dos mini pastelitos, una manzana y una naranja. Hice fila para la foto del recuerdo (que me tomaron con unas muchachas porque yo iba sola), me comí las frutas y me senté en la escalinata de la Universidad a descansar. Estuve ahí un rato y ya, me paré y me fui a hacer despensa.

La verdad pensé que no iba a poder ni caminar, pero me aventé por lo menos otras dos horas en el centro cargando bolsas de mandado.

Ah, y le di los bocadillos a un señor que estaba pidiendo limosna. Me dijo "gracias" y no le contesté y me sentí mal por eso.

Y pues esa es la reseña de la carrera.

Fue una experiencia gratificante, aunque el resultado no haya sido espectacular. Mi nutricionista me felicitó y me dijo que así empezaba una (ella suele competir en carreras de este tipo) y yo la verdad me siento muy motivada a seguir yendo a los módulos a hacer ejercicio y quizá para la siguiente carrera ya haga un mejor papel.

Mi amigo de ojos verdes me dijo que ya podía competir en la carrera zombie y quién sabe, igual me anime.

Lo que sí es que trotar sobre asfalto es muy diferente a trotar sobre la cinta de la caminadora y mis tobillos lo resintieron bastante, aún me duelen. Fuera de eso y un ligero dolor de espalda (que le atribuyo al brassier deportivo que me puse y que me hace corregir la postura), no siento otras molestias, aunque hace rato me dormí en la tarde y me desperté con unos calambres horribles.

Así que a fortalecer los tobillos, mejorar mi condición física y procurarme unos tenis más decentes.

Por lo pronto, tendré que buscar una forma de mantenerme activa en las vacaciones, para volver con todo en enero.

Aquí el mapa del recorrido. Las partes en verde troté y las partes en rojo caminé.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El blog abandonado

Sin intención, en serio.

Culpo al Cafeland. Y al tejido, aunque últimamente no he tejido nada relevante.

Es el Cafeland.

En fin.

Novedades, novedades... ¿hay novedades?

Pues sí, varias.

Como que ya tengo dos caracoles. Así es. Al otro me lo encontré el miércoles siguiente a mi cumpleaños, el 12. Ah, y el primero ya tenía nombre para entonces. Le puse Conchito. Y en un alarde impresionante de creatividad, al nuevo le puse Ponchito. Debía rimar.

El día que encontré a Ponchito llegué a la casa con mucha emoción de juntarlos. Conchito notó a Ponchito podría decir que con curiosidad. Se le subió encima, pero el otro ni lo peló.

El pequeño es Conchito. El grande con las franjas más anchas en el caparazón es Ponchito.

Con el paso de los días noté que Conchito lo buscaba pero el otro como que le huía. Luego pasó algo simpático. Los junté para ver qué hacían y Ponchito se subió encima de Conchito. Creí que en un acto de conciencia de la existencia de Conchito, como hizo éste en el primer encuentro. Pero no fue por eso que se le subió encima.

Porque ahí se quedó, arriba de Conchito mientras el otro lo paseaba. Los observé andar por mi brazo como por diez minutos hasta que soborné a Ponchito con un pedazo de nopal para que se bajara de Conchito para darles de comer, pero ninguno comió nada y Conchito se durmió. Ponchito siguió despierto otro rato y también se durmió. Se metieron a su concha, pues.

Aquí cuando los junté.

Durante el paseo. Ah, y claramente ya no les tengo horror :)

El momento del soborno.

Y ya no los he visto interactuar. Cada uno anda por su lado. Últimamente no han comido y he noté que duraron como dos días en la misma posición. Y como yo me congelo de frío, pensé que quizá también tendrían frío y les tapé su casa con una cobija. Al día siguiente ya estaban en otra posición. Como sea, supongo que tarde o temprano hibernarán.

Me preocupan las vacaciones. En mi rancho de origen hace muchísimo más frío que acá y no sé si lo resistan. He pensado en liberarlos pero ya me encariñé con ellos. Al menos con Conchito.

No sé, aún falta tiempo. Lo pensaré en la siguiente semana.

Y luego les cuento las otras novedades.

domingo, 9 de noviembre de 2014

35

Pues estuvo más o menos como el año pasado. O sea, me lo pasé sola de nuevo. Y esta vez sólo fui a comer sushi y me compré una rebanada de pastel, ya no fui por el smoothie ni a jugar en el simulador de baile por un dolorcillo que traigo en una pierna. Saliendo de comer me dirigía a un jardín a sentarme en una banca cuando vi que había exposición de artesanías y entré a ver.

Había, entre otras cosas, joyería de fantasía y bueno, a pesar de ya haberme comprado en el Cervantino varios pares de aretes y tres pulseras-anillo, me compré otras dos pulseras.

O sea que me quedé con muy poco para el resto de la quincena, pero me gustan mucho mis pulseras. No sé por qué, pero desde hace mucho tenía la tentación de adornarme las manos de alguna manera. Hasta consideré dejarme crecer y pintarme las uñas, a pesar de no gustarme para nada (además, no aguanto mucho tiempo las uñas largas). Luego pensé en un tatuaje temporal de henna y finalmente se me ocurrió lo de una pulsera-anillo, pero en ningún lado encontraba. Aunque haciendo memoria sí encontré una pero estaba demasiado cargada para mi gusto y no se veía muy artesanal. En fin, ya tengo cinco pulsera-anillo, jeje.

 Esta fue la que compré primero. Lamentablemente, un poco por desconocimiento, la compré tal cual y me queda muy floja y por eso no la he usado.

 Esta fue la segunda y es la que más he usado. Me gusta el contraste del color de las cuentas con mi piel, aunque no sea muy combinable. Pero eso no me ha importado mucho, jeje.

 Esta, aunque fue la tercera que compré, en realidad era la que quería comprar desde el principio. Cuando fui por ella no estaba la chava que las hace, así que los ajustes que le hicieron para que me quedara bien fueron un poco improvisados, pero funcionaron.

 Esta es una de las que compré hoy. Tiene una obsidiana terracota como las de la primera pulsera, pero más pequeña y creo que corrige los errores del diseño de aquélla. Pero igual por desconocimiento no me fijé que me quedara a medida y también me quedó algo floja. Empiezo a creer que tengo mala suerte con las obsidianas terracota.

 Finalmente, no tenía ya intención de comprar algo cuando la vi. Me llamó la atención el diseño asimétrico y en este caso el chavo (todas las anteriores las hicieron chavas) me explicó cómo tenía que hormar y la ajustó hasta que me quedó bien. Creo que será una de mis favoritas.


Alguien me dijo que cuando estás orgulloso de algo que haces con las manos quieres dirigir la atención de la gente hacia ellas. Quizá sea el simplemente ser docente o quizá algo tuvo que ver el que aprendí a tejer con gancho (aunque esta tentación de adornarme las manos la tenía desde antes de aprender a tejer), pero me he dado cuenta de una cosa: siempre he tenido un ansia inmensa por crear y he intentado saciarla de muchas y variadas formas.

Creo que hasta haber estudiado Matemáticas fue una de ellas. Quería aprender cómo funcionaba el mundo y a explicarlo con ecuaciones. No me salió tan bien, pero bueno. Mi idea de estudiar Robótica también se relaciona con ese deseo. No sé, quisiera hacer algo que dejara una huella en el mundo.

A lo largo de mi vida quise ser escritora, actriz, cantante, dibujante, modista de alta costura y últimamente hasta comediante de Stand up (hasta escribí una rutina, jeje). Cuando era niña hacía muebles de papel, dibujaba las plantillas y las pegaba para formar sillones, mesas, camas y hasta un roperito con cajones.

Ya tengo 35. Y como Homero, quizá tenga la idea de haber desperdiciado la mitad de mi vida. Y quizá como él me ponga a inventar. Quién sabe, quizá por fin me decida a desarrollar todas las ideas que tengo en la cabeza.

Y ya no quiero pasar otro cumpleaños sola.

martes, 21 de octubre de 2014

Que cambié para mal, dijo

Hace poco contacté por Facebook a alguien de mi pasado. De cuando estaba en la Universidad. Lo hice con recelo, porque no me porté muy bien con esa persona y temía que me guardara rencor. Y al contrario, manifestó que recordaba esa época con mucho cariño, que tenía un buen recuerdo de mí y que para nada tenía resentimientos.

Y ya, diario platicábamos y nos comentábamos mutuamente las publicaciones y todo muy armonioso.

Hasta que, ojalá uno tuviera una bola de cristal y supiera lo que va a pasar, noté que agregó a uno de mis contactos y le hice el comentario de "¿agregaste a Fulanito? Me salió como amigo en común". Me dijo que sí y yo le comenté que yo ya no lo seguía. No me acuerdo si me preguntó por qué, en todo caso yo le dije que simplemente había sentido la necesidad de alejarme de él, porque teníamos algo de historia y había situaciones que me incomodaban. Me comentó que le parecía que este amigo era de cierta forma, a lo cual yo le dije que para nada, que lo conocía desde hace por lo menos 8 años y que él apenas desde hacía dos o tres semanas, que no viniera a decirme cómo era él.

Insistió en que era bueno leyendo a la gente y me dijo "descríbeme", a lo cual me negué tanto como pude. Finalmente le dije "¿sólo para demostrarme que mi percepción sobre Fulanito está equivocada?" y me contestó que dejara eso de lado e insistió en que lo describiera.

Todavía le di vueltas diciéndole que podía describirlo como era hace 10 años, que fue cuando nos conocimos, y me dijo que estaba bien. Así que le dije que siempre me había parecido que era pretencioso, ante lo cual me soltó un choro diciéndome cómo era él y que lo yo veía como "ser pretencioso" eran simplemente muchas ganas de hacer las cosas bien y de mejorar constantemente.

Ah, pero en aquel entonces él me dio un poema. Porque nos gustábamos y andábamos quedando. Y quedamos y fuimos novios tres días y yo me arrepentí. Sí, el karma es canijo.

El caso es que me recordó que yo le dije que sus poemas no eran tan buenos, que tenían muchos lugares comunes. Yo honestamente no lo recuerdo, pero sí lo creo, que se lo haya dicho. Y aparentemente nunca olvidó, porque se instaló en eso, poniendo frases en mis dedos (todo fue por el chat, no siento que sea adecuado decir que fueron palabras en mi boca), asegurándome que yo tenía tal o cual idea respecto a él. Porque él sabe leer muy bien a la gente, o sea...

Y yo así de "¿pero que carajo? ¿Cómo terminamos en esto?" Y empezó a decirme que yo me había vuelto muy agresiva y áspera en mi discurso, que había cambiado para mal, que no me creyera la gran comediante (en días anteriores le había comentado que me interesaba eso del Stand Up y me dijo que sí recordaba mi sentido del humor y hasta mencionó algo de ser actriz), que mi sentido del humor también estaba lleno de lugares comunes y que se le antojaba de comediante de placita.

A estas alturas a mí sólo me parecían intentos de él de regresarme el golpe de alguna manera, de herirme, de atacarme. Y yo todavía trataba de mediar.

En conclusión, empezó a echarme indirectas con sus publicaciones. Eso pensé cuando escribió cosas como que ser mamón con los demás no era cómico y que la comedia no debía ser ofensiva ni ridiculizar a la gente (o algo así) y yo le dije que entonces me explicara el éxito de "House MD". Pero ya me había llenado el buche de piedritas y le escribí diciéndole que releyera la conversación, que yo nunca le había dicho, al menos no en el presente, lo que él afirmaba ahora. Que yo no lo había ofendido y que él sí estaba siendo agresivo con sus indirectas. Y que aunque él creyera que mi sentido del humor era de comediante de placita, yo iba a seguir haciendo bromas y que él debería sentirse igual respecto a sus poemas. Me contestó que tenía cosas mejores que hacer que echarme indirectas, que yo era la mejor comediante y que ya no se iba a llevar conmigo. Le dije que veía que había pasado de todo lo que le dije y que seguiría su ejemplo y que tampoco me llevaría con él. Luego publicó "¿bloqueo o no bloqueo? Esa es la cuestión", para luego, adivinaron, bloquearme. ¿Para qué anunciarlo? ¿No que tenía mejores cosas en qué ocupar su valioso tiempo que echarme indirectas?

¡Y bloquearme! Pudo simplemente dejar de seguirme o eliminarme de sus amigos. Pero optó por lo más radical, por lo que me restregara en la cara su desprecio. Por lo más infantil.

Hipócrita. Dijo no tenerme rencor, tener buenos recuerdos de mí, etc., pero con sus actos claramente demostró lo contrario, al grado de dejar ver que seguía molesto por algo que le dije hace diez años y que no le consta que siga creyendo aunque en su imaginación así sea.

Pues sí, me sacó de onda. Y me dejó pensando "¿realmente he cambiado?". Y concluí que sí. Y una de mis amigas me lo clarificó un poco: "el te conoció como alguien que decía lo que los demás querían escuchar".

Y como dijo él sí, me volví más áspera. No diría que agresiva. Simplemente en lo que escribo ya no suavizo tanto. Soy más cruda, voy más al grano. Y curiosamente eso lo aprendí de aquél que sólo me eliminó. Siempre admiré esa parte de su forma de ser, aunque también veía el lado malo. El lado que aleja de ti a la gente que no soporta esa crudeza. Y quizá yo fui una de esas personas.

Como sea, sí. Me volví más intolerante.

Y justo hace rato tuve una mini discusión con otra persona que me recordó un poco esta experiencia, sobre todo por la parte de lo que no dije y de lo que aquella persona quiso entender.

¿Por qué demonios tiene que ser tan difícil comunicarse con los demás? Y a veces creo que lo entiendo. Si, a aquél que sólo me eliminó de sus amigos de Facebook.

En fin. Insistí en lo que no dije, insistí en lo que creía mejor opción y que sólo afectaba en fechas ¡en fechas! O sea... ash. Y en ningún momento dije que no, sólo que me parecía mejor opción y me lo parece para ofrecer un tiempo de más calidad, pero ya, total. Un poco entiendo la reacción. Me lo hacían a mí, todo el tiempo, y sé lo difícil que es lidiar con la frustración.

Pero bueno. Cada cabeza es un mundo y yo no quiero desgastarme en discusiones sin sentido.

Casi juraría que lo mismo pensaba aquél. Ya saben quién.